Por Tyler Dunning. Traducido por Mullet Club

Existen innumerables rutas hacia una vida literaria, las posibilidades son infinitas. De hecho, antes que los estudiantes de Escritura Creativa hagan su transición a los programas de MFA (Master of Fine Arts o Maestría en Bellas Artes), muchos miembros de la facultad de la universidad alientan a estos estudiantes a tomar primero un descanso académico: Trabajar en un empleo chico, viajar, observar. Para fomentar el arte de la empatía: Vivir.

Como lectores, estas son las cosas que deseamos ver en el “book flap bio” (pequeña biografía del autor en la solapa de los libros): Dónde se ha ganado su experiencia emocional y bajo qué improbable tutela, nunca recibida en un aula, ha aprendido a darle sabor a su prosa. La mía: Ex luchador profesional.

Comprendo la desconexión: Hombres adultos en leotardos, sudorosos, repugnantes y gruñones, en comparación a intelectuales introvertidos que procesan texto durante horas y horas. Lo entiendo habiendo hecho ambas cosas, pero también sé que vale la pena notar los paralelos.

Ingresé al ring por primera vez a los dieciocho años interpretando a un surfista-punk, “Stunning” Tyler Dunning, sin darme cuenta de que estaba estableciendo lo que se convertiría en mi base para contar historias. El mundo de la lucha libre profesional se convirtió en mi primer instructor literario. Aquí hay algunas lecciones a las que sigo regresando para recibir orientación.

“Aprende que NO debes hacer”

Recién salido de la escuela secundaria, me mudé a un pueblo desconocido en Interior Mountain West, a una ciudad desconocida en el medio oeste, hogar de una de las mejores escuelas de lucha libre profesional del país: La Harley Race Wrestling Academy. El entrenamiento consistió en un riguroso ejercicio: Aprender a caer correctamente, cómo correr entre cuerdas, cómo agarrar y aplicar sumisiones sin romperle el brazo o la pierna a alguien. Pero la capacitación también consistió en mirar y estudiar videos, que nunca fueron escasos debido a la reputación de la escuela. 

La gente quería luchar para ellos. Harley, el propietario y promotor de la escuela, recibía al mes cajas con demostraciones en cintas de VHS (que a su vez favorecen a este anticuado medio…). Rara vez las veía. En vez de eso, las ponía para nosotros, los estudiantes, diciéndonos: “Aprendan que no hacer“.

Estas cintas, en su mayoría, fueron terribles. Ese era el punto de Harley: Observar y reconocer lo que se veía mal en el ring, identificar cuándo alguien estaba fuera de timing o por qué no evocaban una respuesta emocional en el público.

Escribir es de la misma manera. Le digo a la gente que no me gusta el 80% de lo que leo…y leo mucho. Esto les impacta, por qué continúo leyendo entonces. “No leo por disfrute”, les digo. “Leo por la artesanía que conlleva”. Aprendí esto de la lucha: Dejar que cada libro, disfrutable o no, agudice mi mente literaria, me informa sobre lo que funciona y lo que no, y me instruye sobre cómo eliminar errores similares en mi propio trabajo. Por lo tanto, cada libro tiene valor, incluso los que te enseñan lo que NO se debe hacer.

Más lento luce más rápido.

Cada nuevo luchador en el ring lo hace, asume que los movimientos más peligrosos, acrobáticos y de alto impacto, repetidos una y otra vez, son lo que impresionan al público y lo que hace que una lucha sea exitosa. Esto no podría estar más lejos de la verdad.

Éste es el motivo: Más lento luce más rápido. Esto significa que cada movimiento en el ring debe de cumplir un propósito, al igual que las palabras en esta página. Ejecutar un movimiento sobre tu oponente porque “se ve bien” es el equivalente a usar una palabra de David Foster Wallace en una oración cuando una palabra de Hemingway era suficiente. Al público le encanta ser sorprendido, sí, pero solo cuando encaja en el rango de una historia emotiva, y un movimiento de lucha profesional solo ofrece una respuesta emocional cuando le atribuimos un significado.

Los mejores luchadores, los que le producen escalofríos al público con sus luchas, son a menudo los más básicos. Hacen que cada movimiento cuente. Todo cuenta una historia, desde la forma en que entran al ring hasta la forma en que realizan un headlock. Es lento, es metódico y le da al espectador el tiempo suficiente para procesar y disfrutar el viaje, de modo que cuando ocurren estos grandes movimientos -por lo general, limitados a uno o dos por lucha- significan algo.

Los nuevos escritores cometen los mismos errores que los luchadores nuevos, pensando que sus arcos argumentales deben ser innecesariamente complicados y su lenguaje demasiado complejo, todo con la esperanza de que parezca sofisticado e impresione al lector. Esto usualmente tiene el efecto opuesto. Más lento luce más rápido, con puntos como llaves a la muñeca y con comas como body slams. Sepa por qué los está usando y haga que cada uno cuente.

Suspender la incredulidad.

Rick Flair fue uno de los mejores luchadores del mundo, pero no pudo hacer un dropkick. Entonces si él no lo hizo ¿Qué significa esto para un escritor? Hay innumerables herramientas literarias a tu disposición, al igual que hay incontables movimientos de lucha, pero eso no significa que tengas que utilizarlos todos. Juega con tus fortalezas.

Flair entendió esto, sabiendo que su moderación haría que sus luchas fueran elegantes y fluidas. Ahora, si le preguntaras a cualquier fan si Flair usaba un dropkick, no lo recordarían. Porque él jugó con sus fortalezas. Pero si hubiera hecho un dropkick, el público lo recordaría porque ese horrible acto habría roto la hipnosis. Porque el entretenimiento “suspende la incredulidad” del consumidor, lo que le permite entrar en un reino imaginario y sentir emociones reales mientras está allí. Esa es la recompensa por adherirse y creer.

Los escritores pueden hacer las mismas cosas. No tienen que usar un “EM Dash” (Signo de puntuación “—”)  si no quieren o no tienen que ser unos maestros del diálogo. Uno debe utilizar las herramientas con las que está en mejor capacidad de usar, tal vez aumentando la tensión o escribiendo una confesión sin sonar auto-indulgente. Cualquiera sea el caso, recompense a su lector por haberlo elegido y déjelo con una respuesta emocional que lo estimule.

Cree en tu trabajo primero.

La última lección: Recuerde que nadie va a creer en sus escritos hasta que usted mismo lo haga. Por ejemplo, en una lucha en parejas, a menudo me encontraba fuera de las cuerdas mientras mi compañero estaba dentro del ring luchando contra nuestros oponentes. Por supuesto, esto estaba pautado, y por supuesto, yo sabía lo que vendría después, pero esto puede llegar a convertirse en un problema: Estar de pie al filo del ring, pensando en todo lo que viene y olvidando reaccionar a lo que está ocurriendo. Por lo tanto, si mi compañero fue golpeado y yo no reaccioné ante esta muestra de dolor, entonces el público lo vería y pensaría subconscientemente, si este tipo, al que le interesa más que a nadie esta lucha, no le importa ¿Por qué debería importarme?.

Como performer, incluso uno escondido detrás de las páginas de un manuscrito, el escritor debe recordar que si él o ella no cree en su propio trabajo primero, entonces ¿Por qué a alguien más le importaría un bledo? Esto no quiere decir que tenga que ser arrogante o indulgente consigo mismo, pero el tiempo de un lector es precioso. Y no es su trabajo informarle si está haciendo un buen trabajo. Es su trabajo saber que se ha entrenado lo suficiente -y lo suficientemente duro- como para entrar al ring, como escritor, y luchar.

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Traducción del texto original del escritor y ex luchador Tyler Dunning para el portal Submittable del 9 de septiembre de 2018. https://discover.submittable.com/blog/literary-lessons-learned-from-being-a-professional-wrestler/

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